¿Realmente se está recuperando?

Recuperación de la capa de ozono: avances, estudios y rol de los CFC
Grado de recuperación actual
– El agujero antártico registró en 2024 un tamaño máximo de 22,4 millones de km², ubicándose como el 7.° más pequeño desde que comenzó su seguimiento en 1992 y el 20.° más pequeño desde 1979.
– A nivel global, las concentraciones de ozono estratosférico han mostrado aumentos del orden del 1 % al 3 % por década desde el año 2000, señal de una tendencia de recuperación sostenida.
– Proyecciones del Protocolo de Montreal estiman que la capa de ozono volverá a niveles de 1980 para latitudes medias en torno a 2040, para el Ártico en 2045 y para la Antártica recién en 2066, siempre que se mantengan las políticas actuales de control de sustancias agotadoras de ozono.
Estudios que avalan estos resultados
– Observaciones satelitales y análisis de la NASA y la NOAA documentan la mejora gradual del agujero antártico, confirmando que las concentraciones actuales de ozono son las más elevadas desde principios de la década de 2000 y proyectando su recuperación completa para mediados de siglo.
– Un estudio del MIT, publicado en Nature y liderado por Susan Solomon, utilizó la técnica de “huella dactilar” para demostrar con un 95 % de confianza estadística que la disminución de clorofluorocarbonos (CFC) y otras sustancias agotadoras ha sido el factor clave en la sanación del agujero antártico.
– El Grupo de Evaluación Científica del Protocolo de Montreal (PNUMA) señala en sus informes periódicos que más del 99 % de las sustancias prohibidas (CFC, HCFC) han dejado de usarse, y que la recuperación en diferentes regiones de la estratosfera avanza según lo previsto tras el tratado de 1987.
¿El control de los CFC ha sido de ayuda?
Absolutamente. La eliminación casi total de los CFC y HCFC, acordada en el Protocolo de Montreal (1987), ha sido la piedra angular de la recuperación del ozono:
– La reducción de estas sustancias detuvo la destrucción estratosférica de ozono y permitió que las concentraciones se recuperaran gradualmente.
– La vida útil prolongada de los CFC (más de 50 años en la atmósfera) implica que los beneficios se extienden durante décadas, pero sin esa prohibición global no habría habido mejora en la capa de ozono.
– Las simulaciones climáticas y las observaciones empíricas coinciden en que, sin el control de CFC, el agujero antártico seguiría expandiéndose y las concentraciones globales de ozono habrían permanecido en niveles críticos.
Más allá del Protocolo de Montreal, la próxima frontera es combinar estas políticas con reducciones drásticas de contaminantes urbanos (precursores de ozono troposférico) y seguir monitorizando la capa de ozono para adaptar las estrategias climáticas y de calidad del aire.
Otro obstáculo a superar es la conciencia tecnica, aun hybquienes persisten en la idea que el control de las sustancias CFC y HCFC son mera ficción, para «justificar» el uso de otros gases refrigerantes tildando estas medidas como «comerciales», esto en desconocimiento de origen, a tal punto que de maneras irresponsables ventean HCFC sin remordimiento alguno.
Además de esto deberían ya estar en vigencia normas para el control de los HFC, si bien no dañan la capa de ozono su impacto en el efecto invernadero es incuestionable, es urgente tomar acciones sobre todo por el aumento desmedido de la temperatura🌡 promedio del planeta 🌎.
Un solo planeta, muchas responsabilidades.
Kai Stenbjorn
Tecniespacio

Deja un comentario